
Uno de los problemas recurrentes de algunas parejas es la imposibilidad de hablar de ciertas cosas, sobre todo, de lo que sentimos. Así, reprimimos y juntamos resentimiento hasta el desborde. Y entonces soltamos el reclamo en forma violenta y el resultado es el desastre. Nunca la solución
Cuando en la pareja no es posible hablar de algunos temas "tabú", o se lo hace en forma inadecuada, cuando se usa el reproche, la ironía y la acusación como armas, ya podemos hablar de una relación profundamente agrietada y de una sensación de infelicidad para ambos.
Porque generalmente uno de los dos calla y luego pasa factura –aunque sea inconscientemente- y el otro -a menos que sea irresponsable e insensible a los problemas de la pareja-, recibe el impacto del rencor.
Creo que las mujeres somos las más propensas a callar algunos temas en particular. En parte porque aún en éstos tiempos, nos quedan resabios de una educación que nos prefiere dóciles; y también, porque nuestra sensibilidad exacerbada nos hace esperar siempre que el otro se de cuenta solo de lo que nos pasa. Pero como del otro lado de una mujer, generalmente hay un hombre…esto raramente ocurre.
El trabajo, los amigos de la pareja, las expectativas acerca del matrimonio y de los hijos, son algunos de los temas que a veces se convierten en tabú. Pero sin dudas, los tópicos más difíciles de abordar en el marco de una relación afectiva son el sexo y el dinero.
Es casi inimaginable que una mujer logre decirle a su pareja que no siente placer sexual con él. Muchos pensarán que cualquier hombre puede darse cuenta de ello cuando su mujer lo rehuye en la cama con las viejas excusas del dolor de cabeza o del cansancio pero….primero recordemos la característica masculina de no registrar algunas señales –sobre todo aquellas que podrían poner en duda su capacidad de hacer gozar a una mujer- y luego, pensemos que hay mujeres dispuestas a fingir placer de por vida con tal de no hablar de ciertas cosas.
Si bien las mujeres en general podemos charlar de nuestros problemas sexuales con otras personas –amigos, terapeutas, etc.-, lo más difícil es hacerlo con la persona indicada: es decir, el varón en cuestión y co protagonista de la historia.
Y casi tan difícil como hablar de sexo es discutir asuntos de dinero. Desde el comienzo de la relación se torna un tema incómodo, sobre todo en tiempos de mucha familia ensamblada, en la que hay intereses colaterales y economías paralelas con ex parejas e hijos de matrimonios anteriores.
Además –para qué negarlo- el dinero tiene otras connotaciones emocionales, por los juegos de poder y dependencia que genera. Y muchas veces optamos por el silencio para encubrir culpas, vergüenza e intereses creados respecto del manejo del dinero.
No hablamos de ciertos temas por vergüenza, por miedo a la pérdida, o por negación: creemos que lo que no se habla no existe. A veces por orgullo y por mantener intacto un ego que nos queda grande.
Claro, si hablamos de nuestra insatisfacción sexual tal vez tengamos que admitir la propia cuota de responsabilidad. Si discutimos sobre intereses económicos corremos el riesgo de ser tildados de materialistas, calculadores, y de toda sarta de calificativos que denuestan lo afectivo…
Pero lo que fortalece a una pareja no es la evasión de los problemas. Cuando el "ni un si ni un no" implica un silencio encubridor, el tiempo agudizará los conflictos y éstos se volverán implacables con la pareja.
El único camino para construir una relación gratificante, que nos acerque a la sensación de felicidad, es el de comunicación sana, que tampoco pasa por hablar mucho, y que además, surgirá poniendo en marcha la inteligencia, el coraje, la empatía y el esfuerzo mutuos.
por María Isabel Sánchez / Septiembre 21 de 2007 Fuente: INFOBAE
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