
La intuición es un arma de supervivencia primitiva que usaba el hombre en la prehistoria para elegir qué determinación debía tomar a la hora de preservar su vida. Los antropólogos sostienen que el hombre de la antigüedad tenía mucho más desarrollada esa aptitud, que le era casi imprescindible y que tenía que ver con el olfato, el oído y la vista –precisamente, los otros sentidos-.
Dicen también que esa habilidad se fue atrofiando a medida que el ser humano desarrolló su capacidad cognitiva, es decir, la parte izquierda de su cerebro –la racional-.
Para el varón de hoy en día, nada que no provenga del razonamiento lógico parece ser admisible. La intuición está más aceptada y es asociada a la femineidad. Sin embargo, el mundo de los negocios ha demostrado que los varones intuitivos son especialmente exitosos en sus decisiones.
Es probable que cuando nos tomamos todo el tiempo del mundo para analizar en forma racional la toma de una decisión, seamos mucho menos exitosos en los resultados. Créase o no, eso es lo que determina un estudio científico realizado en Chile por la Universidad Católica. La Universidad de Londres también avala esta teoría, según la cual el 95% de las decisiones más efectivas se toman en un período de un segundo, mientras que cuando se dispone de mayor tiempo, el porcentaje disminuye al 75 por ciento.
Harvard, por su parte, revela que hay una conexión entre el sexto sentido de los animales y la intuición humana. Los científicos norteamericanos dicen que el órgano vemeronasal, que se encuentra en el interior de las fosas nasales, es el responsable de que exista un sentido más, que no por casualidad llamamos comúnmente "olfato".
La ventaja de los animales es que tienen este órgano mucho más desarrollado que los humanos, y por eso sus conductas instintivas difícilmente fracasen. Las feromonas (hormonas sexuales) son las que estimulan este órgano y llevan esa información inconsciente que mueve a la acción sin un análisis racional previo.
Dicen que si los humanos tuviésemos ese olfato tan desarrollado como los animales, podríamos elegir pareja sin tanto riesgo a equivocarnos.
Aunque lo más adecuado, sostienen los investigadores, es saber distinguir cuándo hay que confiar en la intuición y cuándo debemos utilizar procesos cognitivos de más alto nivel requeridos en actividades de mayor complejidad. O sea, el eterno dilema entre razón y emoción.
por María Isabel Sánchez / Agosto 09 de 2007 Fuente: INFOBAE
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