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21/09/2007
La adicción afectiva


Hay personas que sienten que "no son nada sin su pareja". Por eso, desarrollan la capacidad de tolerar la frustración y evitar el dolor que les generaría una separación. Cómo reconocer al "enfermo de amor"

Sucede casi sin darnos cuenta: nos volvemos adictos a una pareja y perdemos el control de todos nuestros actos, enfermando nuestra psiquis y, muy a menudo, nuestro cuerpo. Confundimos el significado de la palabra "amor", entendiendo por la misma este tipo de conexión patológica con el otro. Aunque este vínculo lastime nuestra autoestima y sea perjudicial, nos aferramos como si perderlo implicara la posibilidad de dejar de existir.

Con la certeza de que es una forma de amor intensa perpetuamos este vínculo, sin importar que estemos construyendo una relación en la que cumplimos el rol de víctimas heridas, esperando siempre en nuestro deseo que el otro nos complete a partir de demostrar su sentimiento amoroso. Lo único que conseguimos es crear una dependencia absoluta, convirtiéndonos en una extensión del ser amado.

Cuando las personas que sufren de adicción afectiva vienen a verme, creen que mágicamente puedo hacer que se "desenamoren". Se rehúsan a dar fin a una relación si el sentimiento amoroso sigue presente. De esa manera, piensan que en un futuro inmediato podrán desvincularse cuando dejen de sentir amor, sin entender que una relación también puede terminarse sintiendo amor, porque hay otras cosas que no funcionan entre ambos y el amor que sienten no es suficiente para darles felicidad ni estabilidad emocional.

No importan los fundamentos por los cuales el otro no es la persona indicada para conformar una relación. La sensación de pérdida de identidad que tienen si no están con el ser amado es muy fuerte. Y con el tiempo esto se intensifica. La posibilidad de estar un tiempo separado crea un síndrome de abstinencia semejante al de cualquier otro tipo de adicción, pero en cuanto a lo que nos compete en este artículo, se genera una incapacidad que desmoraliza ante cualquier tipo de conducta futura sin su media naranja.

La actitud de quien quiere evitar el abandono es de conquista permanente, desplegando todos sus movimientos en función de lo que le resulta agradable y reconocido como satisfactorio por su pareja. Pero lo más peligroso de este tipo de relaciones es el estrés que genera y la incapacidad de tolerancia a la frustración, además de la falta de preparación para enfrentar el dolor que implicaría la ruptura.

La patología se entiende desde la incomprensión del "ya no te quiero, necesito terminar la relación". El adicto toma una conducta egocéntrica, ya que lo único que prima es su propio sentimiento: "Pero si yo te quiero, ¿cómo podés decir que no me querés?". La idea del amor eterno es sólo una ilusión fabricada a partir de la dificultad de enfrentar la frustración que implica la pérdida.

La contradicción es en cuanto se supone que el poder y el control lo ejerce quien no sufre de dependencia afectiva, pues siempre tiene la opción de la escapatoria de esta modalidad de relación. Sin embargo, quien manipula a través de escándalos y manejos para evitar la pérdida es quien, de alguna manera, también ostenta el poder.

La sensación para el que no sufre de esa dependencia afectiva es de ahogo y asfixia, exacerbando su deseo de alejamiento, ya que cuanto mayor insistencia ejerce el otro, más perseguido se siente.

Desde el lugar que ocupa el adicto afectivo, todo razonamiento para desligarlo de ese tipo de enlace le resulta irracional. La mínima conexión con la ausencia del otro lo desespera. El conformismo es tan ilusorio que se somete en el pensamiento de querer aunque sea la mínima presencia del otro antes de "tener una vida de sufrimiento y dolor", sobredimensionando la desesperación y el estado de carencia afectiva y persiguiendo un vínculo que en su imaginación cree que es estable aunque sea inestable y desestabilizador.

Es importante remarcar que el adicto se apega a un otro que en apariencia es psicológicamente más fuerte y le funcionaría como muleta.

Su terrible necesidad de ser amado hace permisible cualquier desaire amoroso o declaración de desamor, además de actitudes de maltrato y violencia que aumentan la búsqueda de dependencia, ya que se vuelve nuevamente inminente el peligro de ser abandonado ante esa situación generadora de temor. Un ejemplo de esto es el insulto y la descalificación, que vuelven la situación riesgosa ya que después de eso seguramente vendrá el abandono, el que resultaría intolerable para el adicto.

Por último, quisiera decirles que nuestra sociedad padece de este síndrome de adicción afectiva más de lo que nos imaginamos. La mayoría de las parejas se han vinculado entre una y dos veces con amores de apego afectivo y relaciones que son inmaduras, y no pueden llegar a la ruptura definitiva cuando las cosas no funcionan bien, ni en forma saludable para ambos.

Los fracasos no son fáciles de tolerar en nuestra sociedad, porque al no haber información acerca de las relaciones de pareja, no se les da herramientas a las personas para desarrollar su vínculo y diferenciar un amor sano de uno enfermo. Pero, además, creo que otro factor que predispone a este tipo de situaciones es la educación familiar y lo que han recibido como modelo de sus padres, y también cómo han sido tratados de pequeños en cuanto a los afectos, las relaciones dependientes, los cuidados, etcétera.

Hay una creencia popular errónea y es la de pensar que de este tipo de adicciones uno puede salir solo, por la propia fortaleza del yo, fortaleza que no tiene. Así que lamento desilusionarlos, pero este tipo de adicción necesita más ayuda de la que podemos imaginar. De lo contrario, uno queda atrapado de por vida y, aunque por momentos parezca que todo mejora, es una ilusión, ya que después el ciclo se reinicia y la mayoría de las veces con mayores consecuencias físicas y psíquicas de los que intervienen. 


por Sandra Lustgarten / Agosto 20 de 2007
Fuente: INFOBAE



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